20/7/17

EL DERROCHE DE MANUELA CARMENA por Chelo J. Rodríguez

La alcaldesa de Madrid, la señora Manuela Carmena, ha gastado 20.000 euros en componer en los semáforos de la ciudad de Madrid, un dibujo de una mujer vistiendo falda. Supongo Sra. Carmena, que esos 20.000 euros han salido del propio ayuntamiento, es decir, dinero público. Dinero de todos los españoles. ¿Ha hecho usted referéndum de si los madrileños querían contribuir con sus impuestos a ese gasto gráfico? 

Esos 20.000 euros podrían haber sacado a una familia de la pobreza, o a dos, o a tres. Podían haber sido invertidos en investigación médica que salve vidas, podrían haber dado de comer a bastantes personas durante más de un año. Podían haber sido empleados en crear algunos puestos de trabajo, o en escolarizar niños en riesgo de exclusión, o en arreglar pavimentos de la ciudad deteriorados y que son un peligro para los viandantes. 
Podrían haber sido empleados en tantas cosas muchísimo más productivas...
Pero para poner faldita en un dibujo, por su orden y gracia, señora Carmena, debía haber gastado usted ese dinero de su bolsillo.
¿De verdad piensa usted y tantas mujeres reivindicando desde su feminismo la igualdad entre géneros, que con ese dibujo, para mi opinión, sexista y no feminista, han avanzado en conseguir sus derechos y peticiones? 
Hace años, ustedes mismas, pretendieron que en los aseos públicos se dejara de identificar el aseo de las mujeres con el dibujo de una silueta femenina vestida con falda. Entonces ¿qué pasa ahora? ¿Volvemos atrás? ¿Volvemos a tener que identificarnos como mujeres porque llevamos falda?
Señora Carmena y compañía, sepa usted que hace ya muchos, muchos años, la mujer viste tanto con falda como con pantalones. Y se dejó de vernos poco femeninas por ello gracias a mujeres que en su momento lucharon por una no discriminación de género de forma eficaz, y no con chorradas de pataletas estúpidas.
Además, si el semáforo indica verde con una silueta con falda, ¿qué se puede entender, que sólo mujeres, hombres vestidos con el traje típico escocés y algún que otro transexual, pueden cruzar la calle?
Me encuentro yo en ese semáforo, y miro mis piernas, llevo pantalones, ¿no tengo autorización a cruzar? ¿Debo volver a casa y ponerme una falda para poder hacer uso de esos semáforos?
Mire, no tengo tiempo, además, miro los semáforos y lo que entiendo, como todos, es que si está verde para los peatones y las peatones, puedo cruzar, y si está rojo, no. Sin más. 
Dudo mucho que semejante bobería les haya hecho avanzar en su carrera feminista, ni les haya hecho más felices, ni más inteligentes, ni más ricas, ni más guapas, jóvenes y delgadas.
Me indignan usted señora Carmena, y sus compañeras de feminismo, con tanto despotismo, suficiencia y mala hostia que se gastan.
Yo, por supuesto, denigro el machismo,la violencia machista y la discriminación hacia la mujer, pero por ser mujer no considero que tenga la obligación de ser feminista. Vivo en una democracia, en un país libre y como persona libre que soy, expreso mi libertad de opinión. ¿O acaso ya no existe esa libertad de expresión? ¿O acaso es que estamos en una dictadura?
No levante las manitas en señal de victoria, señora Carmena, porque no la tiene, tan sólo ha hecho usted una tremenda estupidez que coloca a las mujeres en un nivel intelectual muy, muy bajo. Y lo peor de todo, lo ha hecho con dinero público que hubiera sido muy útil para menesteres más beneficiosos y vitales.

Así no se consiguen las cosas.

ⓒ Por el texto Chelo J. Rodríguez  (En Safe Creative)

6/7/17

¡QUE ME LLAMEN GUAPA! por Chelo J. Rodríguez



De todos es conocido ese tópico de los obreros que trabajan en la calle: cuando pasa una mujer salerosa la piropean.
Con el pasar de los años y el cambio de costumbres y circunstancias de la sociedad, también se ha modificado ese famoso tópico.
Hace años, no tantos, el piropo más habitual que dedicaban a una mujer era “¡guapa!”, dicho con garbo y alegría. También decían “preciosa”, “que ojos más lindos tienes”… Las mujeres más tímidas se sonrojaban y las más atrevidas les sonreían y se lo agradecían con la mirada. Pero todas se sentían halagadas, bonitas y les mejoraba la autoestima. Y no estoy hablando de hace tantos años. Sigue habiendo hombres, de todas las profesiones, no necesariamente obreros de la construcción, que continúan esa, a mi modo de ver, hermosa costumbre.
No quiero pecar de egocéntrica, pero yo misma he recibido innumerables veces ese “¡guapa!” que tan bien suena, y lo sigo recibiendo pasados ya de largo los cuarenta y tantos años. Me agrada, me alegra, me hace sonreír y, a mis años además, me rejuvenece.
No entiendo qué pasa ahora con esta sociedad y con muchas mujeres, que en todo ven comportamientos machistas y degradantes para el género femenino. A esto de que te digan guapa lo consideran un acto “micro-machista”. ¿En serio? ¿De verdad les resulta tan ofensivo que les digan un piropo, una alabanza a su belleza física? ¿De verdad piensan que porque un hombre que, simplemente las ve por la calle, y sin conocerlas, les dirige un “guapa”,  un “preciosa”, un “bonita”, las está menospreciando y obviando su intelecto, su formación académica, su carrera profesional? ¿Creen que por ello las tratan de “cosas”?
En España, país sin igual, siempre ha sido un clásico eso de decir piropos y el más castizo de todos es ese ¡GUAPA! El hombre español es dado a decir palabras, frases y poemas bonitos a las mujeres, con respeto y elegancia, no considero esa actitud machista ni despreciativa.
Otra cosa son esos supuestos piropos, vulgares, sin gracia, de mal gusto, que suelen hacer referencia a determinadas partes del cuerpo o determinadas actividades corporales en las que ellos, por su naturaleza masculina, suelen pensar. Sin más, no hay que darle tantas vueltas ni hacer tanto estudio psico-sociológico sobre esto, es simplemente la naturaleza masculina. Cada género tiene sus particularidades, no se trata de hacer un mundo de todo y llevar cada detalle al extremo. Más bien se trata de fomentar una reeducación social, tanto de hombres como de mujeres, que se base en el respeto mutuo, las buenas costumbres (que no las viejas costumbres), la buena educación, la tolerancia, la aceptación y el civismo.
A mí, que soy mujer, moderna, con buena formación, trabajadora (ahora por desgracia desempleada), femenina y de mente amplia y directa, me gusta y valoro que un hombre, me conozca o no, me diga guapa, preciosa, bonita o agraciada. También me gusta esa cortesía (tan perdida en estos tiempos) de que me abran la puerta del coche o del ascensor, me dejen entrar primero en un sitio antes de salir ellos, me ayuden a entrar las pesadas bolsas en el patio, etc. En esos momentos no me siento en absoluto ninguneada, ni débil, ni discriminada ni insultada. Al contrario, me siento agradecida.
Cuando dicen esos piropos, los dicen con caballerosidad, sin ninguna mala intención. Es parte de la galantería que, afortunadamente, aún existe en muchos hombres y que estas mujeres tan susceptibles, les están haciendo perder. Creo que porque ellos mantengan esa costumbre tan nuestra, tan propia de un país cálido y hermoso como el nuestro, ellas no van a perder ni retroceder en su lucha por sus reivindicaciones de alcanzar y proteger sus derechos.
Señores, díganme “¡guapa!”, que me gusta.
Y señoras, señoritas, mujeres, dejen que les digan guapas, no se ofendan. Que ese chico, ese hombre, ese obrero… les demuestre su admiración.
¿Necesitas igualdad? Entonces cuando te llamen “¡guapa!”, sonríe y contesta “¡guapo!”, verás qué bien te sientes.

ⓒ Por el presente texto: Chelo J. Rodríguez 1707062879511 (Safecreative)

3/7/17

LA PALABRA "EDILA" NO EXISTE por Chelo J. Rodríguez

Leo en un periódico, no voy a decir cual no por no citar la fuente, sino por pura y simple venganza por su atroz censura conmigo. Leo, como he dicho, muy indignada, que no feliz, que vuelven a escribir, ya por segunda o tercera vez, la palabra “edila”. Señores y señoras, señoras y señores periodistAs, como sabrán perfectamente, dicha palabra no existe en el diccionario de la lengua española. Y un buen, buena, periodistA, lo primero que debe saber es ortografía, gramática y lingüística.
Espero que no vuelvan a censurarme por manifestarme como mujer NO feminista. Ser mujer, y estoy muy feliz de serlo, NO me obliga a ser feminista. Vivo en un país libre y libre soy de expresar mi ideología social, ¿o acaso estamos en una dictadura otra vez?
Precisamente a mí no me recuerden tanto eso de luchar por la igualdad, los derechos de las mujeres, etc. Yo fui en los años 90, y lo sigo siendo ahora, madre soltera, he sufrido discriminación a todos los niveles, insultos, desprecios y comentarios de todo tipo.
No me hablen hasta la saciedad, que ya cansa, de lo femenino y lo masculino.
El indicativo de género ya lo expresa el artículo o los pronombres, no todos los sustantivos se pueden decir en femenino y en masculino. Respetemos el lenguaje y pasemos a luchar por la igualdad de los derechos (y tener derechos implica tener responsabilidades) en asuntos más importantes y trascendentes para todos, y con mejores resultados.
En nuestro idioma español hay muchas referencias “femeninas” aún hablando de hombres:
El policía, el periodista, el guardia, el taxista, el masajista, el atleta, el futbolista…si queremos indicar que es mujer, diremos: la policía, la periodista, la guardia, la taxista, la masajista, la atleta, la futbolista…piensen.
Entonces diremos: la edil, la miembro, la estudiante, la concursante, la modelo, la conserje, etc. que es lo correcto.
Y no sólo roza el ridículo, sino que, a mi modo de ver, es sexista, incorrecto y más bien sirve para dar muchos pasos atrás, y no hacia adelante, en el camino de la igualdad.
Si a todo lo vamos a tener que “diferenciar” (diferenciar es lo contrario de igualar), mal camino llevamos. Y que, qué narices, si todo lo tengo que escribir en femenino y en masculino, los 40 caracteres de Twitter no me llegan.
Por tanto señoras y señores periodistAs, señores y señoras periodistAs, por favor, escriban correctamente, demuestren que son profesionales ¿o debo indicar “profesionales” y “profesionalas”?

No me censuren, tan sólo expreso mi opinión porque ya estoy hasta el más allá (o la más allá, o el más alló) de todo esto. Ahora mismo en mi vida, lo que más me preocupa es poder encontrar un trabajo digno que me permita salir de la exclusión social en la que estoy, y no quedarme en la calle mendigando, y que dejen de discriminarme por tener más de 45 años. Todavía no me he muerto, dejen ya de enterrarme.