"NO A LOS GILIPOLLAS QUE INSULTAN EN EL FÚTBOL"

Un NO así de grande a esos gilipollas que insultan desde las gradas en un partido de fútbol.
¿Se llaman aficionados? NO
¿Se llaman hinchas? Normales NO, desde luego.
¿Se llaman gilipollas? SI, SI, SI.
 
Que conste ya en este momento, soy mujer y como casi todas las mujeres, ni me gusta el fútbol ni entiendo "pajolera" de cómo funciona el dichosito partido.
Pero algo sé de buena educación y respeto, y también de afición y gusto por un deporte. ¿El fútbol sigue siendo un deporte, o es que ya ha perdido esa categoría?
Que se siga poniendo "verde" al árbitro (y sólo eso) cuando pita en contra de la opinión del aficionado, aún podría conservar un sentido, una lógica, pues el entusiasmado de un equipo no quiere que pierda y se exalta.
De ahí a insultar por insultar, a discriminar, vejar, rechazar y a comportarse como un disparatado y gilipollas energúmeno, hay una gran distancia que ahora, por desgracia, se ha convertido en primera e importante noticia en este país de ignorantes machistas.
¿Qué ganan con ello, además? ¿Quién les paga, quién les financia sus violentas acciones, su verborrea vergonzosa y denigrante?
Ah, que un radical ha muerto hace unos días. Uno más, que no el primero. Según las informaciones, era un tipo con antecedentes, fichado por actos violentos y presunto maltratador en su vida personal. Vamos, un chulo de mucho cuidado al que tras una paliza tiraron al río y allí se murió, cuando él antes, seguramente varias decenas de veces, había hecho lo mismo con otros.
¿Y ahora va a resultar que es un "héroe", un estandarte de la sinrazón y la estupidez no deportiva?
Me entra la risa, y más que risa, me entra rabia.
Estos gilipollas "insultadores" son de todo menos aficionados a un deporte, ese deporte llamado fútbol que tanto deleita, gusta y entusiasma a los hombres, pero que luego van a verlo en el campo y sólo se dedican a comportarse como orangutanes enfermizos y no como aficionados, sin disfrutar del partido, del buen hacer de los jugadores y de los a veces, estupendos goles que marcan o paran.
Siento verdadera vergüenza ajena de ver ese comportamiento tan soez en los hombres, al que no le encuentro ningún sentido, que no sólo perjudica al deporte sino que daña, quizá de manera irreversible, la imagen de la población masculina española y seguramente, más de una vez, la dignidad y los derechos humanos de un futbolista (que también es persona) y de su familia.
Aún me parecen pocas y muy suaves las medidas que han tomado los equipos para evitar ese tipo de actos de violencia extrema que se llaman cualquier cosa menos deportividad.
Pero repito, como mujer que soy y como particular que soy, ni me gusta el fútbol ni lo entiendo ni lo sigo, sólo sé que Cristiano Ronaldo está bueno y es un deleite que se pueda quitar la camiseta sin que le sancionen cuando marca un gol, para que yo y muchas como yo, lo disfrutemos. Menos insultos y palizas y más pectorales y tabletas de chocolate.
Y ya sé que al decir esto, tú, gilipollas fanático irracional del balompié me vas a poner a parir o a bajar de un burro y a llenarme de insultos vejatorios, todo lo cual me la suda porque a palabras necias oídos sordos, y porque para buena educación, la mía.
Ésta ha sido mi humilde opinión, pero vamos, que si por enfrentarse unos grupos radicales a otros, se pierde por el camino algún delincuente maltratador, no seré yo la que llore.