25/9/13

COSAS QUE ME GUSTARÍA VIVIR

COSAS QUE ME GUSTARÍA VIVIR

por Chelo J. Rodríguez


- Conseguir un trabajo con contrato indefinido y cotizar hasta la jubilación.
- Viajar a Estados Unidos (a Los Ángeles, mayormente)
- Ganar bastante dinero (para arreglar mi vida y la de algunas pocas personas que fueron buenas conmigo).
- Dormir de un tirón 8 horas todas las noches.
- Hacerme un lifting.
- Tener una auténtica, bonita y romántica relación sentimental (amor verdadero sin cuernos, ni mentiras, ni prisas ni escondites).
- Triunfar con mis libros.
- Tener un guardaespaldas (yo, y sólo yo, sé por qué).
- Que una estrella lleve mi nombre.
- Peinarme como una chica "manga".
- Decirle a mil personas, más o menos, "ya te lo dije".
- Cometer la más cruel de las venganzas (SI,  lo digo en serio).
- Conducir un deportivo biplaza, descapotable y de color rosa.
- Escribir una columna quincenal en el New York Times.
- Que no fuera imprescindible hablar inglés para tener un trabajo en España (donde el idioma nativo es el ESPAÑOL).
- Ver como desaparecen todos los hombres pedófilos, machistas, maleducados, babosos, feos y peludos.
- Ver como ninguna mujer sufre nunca más maltrato, humillación, desprecio, discriminación, etc.
- Saber que ningún niño en el mundo muere de hambre.
- Retirarme para siempre de la visión del resto del mundo humano.
 
Algunas de estas cosas con un poco de suerte y mucho esfuerzo pueda que sí logre vivirlas, otras ni de coña, pero así las deseo y es mi personal y libre petición.
 
 
 
 

18/9/13

ELLA...HUÍA


ELLA... HUÍA

por Chelo J. Rodríguez

 
Ella paseaba.
Ella corría. Parecía que paseaba pero realmente estaba corriendo. Sólo que corría despacio.
Buscaba algo. De vez en cuando se paraba y miraba el móvil. Su respiración era entrecortada, sus ojos brillantes.
Huía.
No buscaba nada, sólo huía.
En su carrera lenta se sonreía y a ratos una lágrima se le escapaba.
Miraba escaparates con las manos en los bolsillos, atenta a los sonidos y a las luces.
Parecía que rezaba, podría ser que rogara, pero sólo huía.
Ella calzaba zapatos desgastados, tenía las rodillas sucias y el pelo suelto, de un color indefinido que se confundía con las nubes.
Quizá deseaba tener alas y volar, pero sus huellas se marcaban en el asfalto.
Parecía triste al cruzar las calles y parecía alegre al girar las esquinas.
Sin embargo, no se escondía, tropezaba con la gente y se disculpaba, dejaba que la mirasen, y huía.
No hablaba por el móvil, el móvil mudo, no sonaba, pero ella lo miraba a menudo, lo consultaba, lo apretaba en su mano, y suspiraba.
Ella parecía guapa, y solitaria, y seguramente el corazón le ardía.
Pero no llevaba vendas en las heridas.
Sólo huía. En una carrera lenta, a pausas, sin desesperación, con ganas, sin poder volver.
Tal vez quería volver, tal vez le dijeron que volviera, y ella huyó hacia adelante, con la vista fija y un grito en la garganta que no soltaba.
Ella huía despacio, maltratando la memoria.
Hacia un nuevo espacio donde no hubieran ruidos, ni demonios, ni cintas de colores que se enganchan a la jaula.
Huía triste, cada vez más rápido, ganando sonrisas a cada paso,  sin perder el tiempo.
Ella parecía que paseaba, pero sólo huía del pasado.