11/7/13

LA GOTA PERVERSA


LA GOTA PERVERSA

por Chelo J. Rodríguez

 
La gota de sudor aún estaba en la frente, casi llegando a la ceja, no parecía querer moverse de ahí, era el estigma de mi orgasmo. La gota delatora. Siempre aparecía cuando mi excitación clitorial alcanzaba la cima. Y la muy perversa no se iba hasta un buen rato después de que mi cuerpo adormeciera ya en el relax.
Tampoco se me iba la sonrisa.
Yo creo que sólo sonrío cuando tengo esos alucinantes orgasmos. Me gustaría ser menos evidente, no sé, poder fingir alguna vez, sí, algunas de esas veces que no tengo ganas de sexo, de esas veces que mejor me pondría a fregar los platos o a ver un programa de política, tal vez a mirar por la ventana para ver qué pasa en la calle, pero siempre acabo cediendo al placer carnal, y más ahora, quiero decir desde hace un par de meses más o menos que encontré a este pedazo de hombre fibrado y potente por todas partes. Um, por todas partes.
Fue verle y decirme “tiene que ser mío sí o sí”, que ejemplares como él hay muy pocos, cada vez menos, y además me llevé una bonita sorpresa, que además de estar más impresionante que el cañón del Colorado, es tierno, y muy sensual, y me hierve la sangre y lo que no es la sangre cuando miro esa intensidad azul que tiene por ojos, luego su pelo enmarañado que estiro suavemente, o no, al ritmo de mis espasmos, mientras él se deleita, y me deleita, mimando húmedamente mis pliegues vaginales.
Gritaría y gritaría.
Afortunadamente tuve el detalle de insonorizar la habitación poco antes de conocerle, no quiero que los vecinos se enteren de mis ejercicios sexuales, menos que se hagan pajas al escucharme, o que me llamen la atención por hacer esas exageraciones linguales pegada a los azulejos de la ducha.
Dirán que estoy “salida”, bueno, y “entrada” también. ¿Y qué? Algún día me comerán los gusanos, como a todos, pero antes comeré yo, y bien, y todo lo que pueda, y con mi dulce e intenso amante también beberé, me beberé los sentidos del placer cada día, entre sus músculos perfectos y entre sus piernas, ahí lo tiene, excitante, provocador, llamándome a voces, diciéndome “ven ya, ven aquí, ven conmigo, salúdame con un besito de lengua voraz y álzame hasta que me pierda en ti”.
Pero su linda cara me dice muchas más cosas que su pene, me halaga sin cesar, sinceramente, y en ese encanto también lingual, me pierdo como en una fantasía que eriza mi vello dispuesto a saborear otra vez su miel.
Y me dice guapa y me coge la mano que nunca suelta, y me lleva al profundo paraíso, ese en el que existen todos los colores, y me suelta el cabello para enredarlo en sus dedos magistrales, y me besa como una paloma en el cuello, y le miro atónita sin creerme que sea para mí, todo él, en su frescura, en su intensidad sonora, en su mar calmado de palabras que navegan suaves junto a la corriente, sin provocar desvelos ni huecos entre su piel y la mía.
Ahora le tengo en mí y después tal vez, y mañana seguro.