31/1/13

LA PRINCESA DESCONOCIDA


Bellasombra es una princesa de un país desconocido. En este país, que nadie sabe cómo se llama, habitan millones de mariposas, también viven en él Bellasombra y su familia, unos cuantos amigos y mucha más gente que tiene su casa en el bosque, al pie de los árboles, rodeados de flores. La gente del bosque nunca se acerca al castillo donde viven la princesa y su familia, pero Bellasombra, que es más hermosa que ninguna otra princesa, se acerca casi todos los días al bosque y se pasa las horas con la gente preguntándoles cuándo vendrá el príncipe que tiene que enamorarla. La gente se encoge de hombros y dicen que no lo saben, pero que seguro que algún día, no muy lejano, ese príncipe aparecerá en el país a buscarla, subido a un caballo blanco de largas crines, y entonces se la llevará para hacerla feliz después de darle un fabuloso beso de amor. La princesa Bellasombra sonríe y suspira ansiando el momento.

Las mariposas siempre revolotean alrededor de la princesa y se posan en sus largos cabellos del color del sol, la acompañan cuando pasea por la orilla del río y aplauden con sus alas cuando la escuchan cantar dulces melodías.

El país de Bellasombra está lleno de magia y nunca nadie de otro país ha podido entrar en él. Bellasombra y su familia, sus amigos y la gente del bosque viven felices haciendo sus tareas sabiendo que ningún peligro podrá perturbarles. Se dedican a recoger la fruta de los árboles para hacer macedonia y compotas, con las hojas hacen los tejados de sus casas y también las camas, utilizando algunas raíces para las patas y el cabecero. De los gusanos sacan el hilo de seda para confeccionar sus ropas y la ropa de sus casas, cortinas, manteles y sábanas. Todos bailan un día a la semana alrededor de una pequeña hoguera y cuando la apagan prometen que siempre, siempre, protegerán el bosque, los árboles y las mariposas.

La princesa Bellasombra es la única del castillo que visita a los habitantes del bosque floreado, sus padres los reyes nunca se han dado un paseo por la orilla del río ni han visto las mariposas, sólo recorren las dependencias del castillo y hablan con sus súbditos de cómo les van las cosas, y se preocupan por todos los que habitan en su desconocido país. Se quedan tranquilos y felices porque todos los demás viven tranquilos y son felices, y la vida discurre sosegada y alegre sin ninguna mala interrupción. Pero los reyes tienen en el fondo una gran pena. Ven a su hija melancólica y pensativa muchas veces cuando vuelve del bosque y piensan qué problema puede tener para borrar su linda sonrisa de ese rostro tan hermoso. La reina no quiere preguntar para no causarle más tristeza y el rey prefiere que sea la reina quien averigüe lo que le pasa. Un día la reina, viendo a su hija volver cabizbaja de su visita al bosque, decidió encargarle a la nodriza que la acompañara al día siguiente y viera qué sucedía en esas visitas y luego se lo contara para buscar el remedio. La princesa Bellasombra aceptó el acompañamiento sin sospechar nada, entre otras cosas, porque adoraba a su nodriza y porque ella misma no se daba cuenta de su tristeza.

El día transcurrió como cualquier otro día anterior. La princesa hablaba con casi todas las personas del bosque que le contaban las nuevas ideas que habían tenido. Como por ejemplo que al jefe de los jardineros se le había ocurrido construir una escalera plegable que al extenderse llegara a la parte más alta de los árboles y desde allí poder divisar todo el horizonte existente fuera del país. Así, si había algo hermoso que ver, todos podrían subir y deleitarse mirándolo. Y si lo que hubiera fuera un peligro, podrían estar alerta y defenderse para no sufrir. Aunque esto último lo consideraban muy poco probable, porque ellos estaban convencidos que nadie de fuera quería hacerles daño.

Luego la princesa y su nodriza estuvieron un largo rato a orillas del río, viendo discurrir las transparentes aguas y cantando canciones que las mariposas aplaudían. Realmente era un lugar extremadamente bello y tranquilo y la nodriza no lograba entender que algo malo pudiera estar pasándole a su princesa.

Después se sentaron a comer bajo un florido árbol de raíces violetas que daba una sombra dulce y abanicaba con sus hojas. Compartieron la comida con una familia de cinco personas, que eran los padres y tres hijos, todos de la misma altura y pequeña figura. Comieron melocotones y fresas adornados con hojas de menta y luego cabecearon un poco hasta que la intensa luz de la tarde se aflojó. Cuando ya parecía que todo estaba en calma y volverían al castillo tan felices como habían salido, la princesa preguntó al hombre si sabía algo del príncipe misterioso. La nodriza aguzó el oído y no perdió detalle de los gestos de la princesa. Pudo ver como su rostro iba perdiendo color y alegría según el hombre le iba contando que ese príncipe de amor aún se encontraba muy lejos del país, pero que no se desilusionara porque en cuanto encontrara el camino correcto llegaría ante ella y la besaría de esa manera que sólo un príncipe magnífico puede besar a la princesa más hermosa de todas.

Una vez de regreso en el castillo y estando ya la princesa Bellasombra acostada y durmiendo, la nodriza contó a la reina lo que había sucedido. La reina se lo contó al rey y pasaron toda la noche despiertos tratando de encontrar la mejor solución para que su hija no estuviera tan triste en su larga espera.

Lo primero que decidieron fue averiguar si realmente existía ese príncipe y por dónde andaba. Mandaron a tres caballeros que recorrieran durante siete días todos los alrededores y más allá de las fronteras de su país desconocido. Esperaron esos siete días con impaciencia, tratando siempre de mantener a la princesa entretenida para que no se enterara de lo que estaban haciendo. Cuando volvieron los tres caballeros, se reunieron con los reyes en sus dependencias privadas. Primero habló el caballero que llegó sólo hasta fuera de los límites del bosque. Contó que no había aldea ninguna ni habitante a quién preguntar, que no encontró más que pajarillos de colores y algunas cuantas ardillas y aunque les interrogó, no le contestaron. Luego habló el caballero que llegó hasta los límites del siguiente país. Era un país con nombre de flor, se llamaba Buganvilla. Era un país redondo y soleado cuyos habitantes eran todos de color rosa pálido y hablaban susurrando. Le recibieron con mucha amabilidad y le contaron que no sabían nada de un príncipe que buscara a una princesa, ni siquiera sabían que existiera esa princesa ya que vivía en un país desconocido. El caballero les dijo que si se enteraban de algo, les mandara un mensaje de aviso, y les indicó la forma de hacerlo llegar al país de la princesa desconsolada.

Los reyes, tras escuchar este relato, se animaron un poco y albergaron una animosa esperanza. Finalmente habló el tercer caballero que había llegado hasta parajes lejanos tras cruzar ríos y montañas y enormes bosques de árboles de todas las clases que nunca hubiera imaginado.
 
(...CONTINUARÁ)
 
 

15/1/13

SIN CORAZÓN NO ESCRIBO

Se me asustó el corazón, se me salió del pecho y se fue muy lejos, a un rincón cualquiera, pretendiendo que no lo alcanzara. Intentando revivir y latir en otro cuerpo. Para que yo no fuera yo, para que yo no fuera sino un personaje de novela. Que sólo me quedara el cerebro.
Pero no funciona.
Así no funciono yo, sin él, sin mi corazón, sin su latir que me haga vivir una vida que no sea la mía, y poder escribir y describir el corazón de personajes misteriosos que sufren y sueñan y viven muy lejos de mí.
¿O no tan lejos?
Mi corazón los ve, los entiende, los acompaña, los siente. Sin él no puedo escribir.
Soñé con una lánguida joven acurrucada frente a la orilla de un mar frío y rebelde, soñé que un joven extraño y confuso la miraba en silencio, fumando por costumbre y con cólera un cigarrillo negro, jugando entre su abrigo negro de paño con un afilado cuchillo, dispuesto a dar fin de un tajo a esa lánguida tristeza. Pero ella se hundió en el mar revuelto y nunca volvió.
Mi corazón, al igual que Cristian, también la persiguió, y llegó tarde, y ya no pudo saber qué desolación inevitable la condujo hasta el fondo de las aguas.
El joven se guardó el cuchillo, me miró con hostilidad y me preguntó por qué. Pero mi corazón no estaba y no pude responderle.
Cuando lo recupere, cuando vuelva a mí y nunca más se vaya, encontraré la razón, sabré por fin el principio de la historia y podré cambiarla.
Entonces el mar estará en calma y la joven se girará para mirar a Cristian, y él se acercará a ella, con pasos firmes, abrirá su largo abrigo negro de paño y la envolverá con sus brazos.
Para siempre.