14/11/13

LA SOLEDAD

LA SOLEDAD

por Chelo J. Rodríguez

 
Gélido invierno en esas pocas hojas mortecinas de un único y lánguido árbol.
Se abre el horizonte gris adivinado apenas tras la neblina.
La tierra seca se parte en zig-zag exhalando un humo denso, oscuro y putrefacto entre sus huecos, sin raíces que crezcan ni agua que las alimente.
Se escucharía el volar de los pájaros si hubieran pájaros. Se movería tenuemente el toldo de la casa si hubiera casa.
Tampoco hay un tiempo de horas que puedan suponer un lamento.
No asoma la luna que pueda enfrentarse al sol.
Sin camino marcado en el alma marchita de algún depredador.
Se otea alrededor y ni un crujido que alivie el silencio, el frío, el vacío, ningún paso que se acerque, o se aleje.
La nada.
Si hubiera algo, algo que respirara, que latiera en la penumbra, algo que esperara, o llegara, o bien muriera.
Debería el cielo quebrarse para enseñar una luz, un claro, para dejar caer una alondra que el cuervo devorase.
Debería ascender el fuego y derrotar a todo aquello que se fue, aniquilar su huella y su aroma... sólo para volver al antes, al principio, al momento aquel en que al menos un soplo se escuchaba de vez en cuando.
En medio de esa nada estaba ella. Desnuda, agarrotada, con los ojos tan abiertos como girasoles, ella sola.
 
 
 


25/9/13

COSAS QUE ME GUSTARÍA VIVIR

COSAS QUE ME GUSTARÍA VIVIR

por Chelo J. Rodríguez


- Conseguir un trabajo con contrato indefinido y cotizar hasta la jubilación.
- Viajar a Estados Unidos (a Los Ángeles, mayormente)
- Ganar bastante dinero (para arreglar mi vida y la de algunas pocas personas que fueron buenas conmigo).
- Dormir de un tirón 8 horas todas las noches.
- Hacerme un lifting.
- Tener una auténtica, bonita y romántica relación sentimental (amor verdadero sin cuernos, ni mentiras, ni prisas ni escondites).
- Triunfar con mis libros.
- Tener un guardaespaldas (yo, y sólo yo, sé por qué).
- Que una estrella lleve mi nombre.
- Peinarme como una chica "manga".
- Decirle a mil personas, más o menos, "ya te lo dije".
- Cometer la más cruel de las venganzas (SI,  lo digo en serio).
- Conducir un deportivo biplaza, descapotable y de color rosa.
- Escribir una columna quincenal en el New York Times.
- Que no fuera imprescindible hablar inglés para tener un trabajo en España (donde el idioma nativo es el ESPAÑOL).
- Ver como desaparecen todos los hombres pedófilos, machistas, maleducados, babosos, feos y peludos.
- Ver como ninguna mujer sufre nunca más maltrato, humillación, desprecio, discriminación, etc.
- Saber que ningún niño en el mundo muere de hambre.
- Retirarme para siempre de la visión del resto del mundo humano.
 
Algunas de estas cosas con un poco de suerte y mucho esfuerzo pueda que sí logre vivirlas, otras ni de coña, pero así las deseo y es mi personal y libre petición.
 
 
 
 

18/9/13

ELLA...HUÍA


ELLA... HUÍA

por Chelo J. Rodríguez

 
Ella paseaba.
Ella corría. Parecía que paseaba pero realmente estaba corriendo. Sólo que corría despacio.
Buscaba algo. De vez en cuando se paraba y miraba el móvil. Su respiración era entrecortada, sus ojos brillantes.
Huía.
No buscaba nada, sólo huía.
En su carrera lenta se sonreía y a ratos una lágrima se le escapaba.
Miraba escaparates con las manos en los bolsillos, atenta a los sonidos y a las luces.
Parecía que rezaba, podría ser que rogara, pero sólo huía.
Ella calzaba zapatos desgastados, tenía las rodillas sucias y el pelo suelto, de un color indefinido que se confundía con las nubes.
Quizá deseaba tener alas y volar, pero sus huellas se marcaban en el asfalto.
Parecía triste al cruzar las calles y parecía alegre al girar las esquinas.
Sin embargo, no se escondía, tropezaba con la gente y se disculpaba, dejaba que la mirasen, y huía.
No hablaba por el móvil, el móvil mudo, no sonaba, pero ella lo miraba a menudo, lo consultaba, lo apretaba en su mano, y suspiraba.
Ella parecía guapa, y solitaria, y seguramente el corazón le ardía.
Pero no llevaba vendas en las heridas.
Sólo huía. En una carrera lenta, a pausas, sin desesperación, con ganas, sin poder volver.
Tal vez quería volver, tal vez le dijeron que volviera, y ella huyó hacia adelante, con la vista fija y un grito en la garganta que no soltaba.
Ella huía despacio, maltratando la memoria.
Hacia un nuevo espacio donde no hubieran ruidos, ni demonios, ni cintas de colores que se enganchan a la jaula.
Huía triste, cada vez más rápido, ganando sonrisas a cada paso,  sin perder el tiempo.
Ella parecía que paseaba, pero sólo huía del pasado.

 

 

11/7/13

LA GOTA PERVERSA


LA GOTA PERVERSA

por Chelo J. Rodríguez

 
La gota de sudor aún estaba en la frente, casi llegando a la ceja, no parecía querer moverse de ahí, era el estigma de mi orgasmo. La gota delatora. Siempre aparecía cuando mi excitación clitorial alcanzaba la cima. Y la muy perversa no se iba hasta un buen rato después de que mi cuerpo adormeciera ya en el relax.
Tampoco se me iba la sonrisa.
Yo creo que sólo sonrío cuando tengo esos alucinantes orgasmos. Me gustaría ser menos evidente, no sé, poder fingir alguna vez, sí, algunas de esas veces que no tengo ganas de sexo, de esas veces que mejor me pondría a fregar los platos o a ver un programa de política, tal vez a mirar por la ventana para ver qué pasa en la calle, pero siempre acabo cediendo al placer carnal, y más ahora, quiero decir desde hace un par de meses más o menos que encontré a este pedazo de hombre fibrado y potente por todas partes. Um, por todas partes.
Fue verle y decirme “tiene que ser mío sí o sí”, que ejemplares como él hay muy pocos, cada vez menos, y además me llevé una bonita sorpresa, que además de estar más impresionante que el cañón del Colorado, es tierno, y muy sensual, y me hierve la sangre y lo que no es la sangre cuando miro esa intensidad azul que tiene por ojos, luego su pelo enmarañado que estiro suavemente, o no, al ritmo de mis espasmos, mientras él se deleita, y me deleita, mimando húmedamente mis pliegues vaginales.
Gritaría y gritaría.
Afortunadamente tuve el detalle de insonorizar la habitación poco antes de conocerle, no quiero que los vecinos se enteren de mis ejercicios sexuales, menos que se hagan pajas al escucharme, o que me llamen la atención por hacer esas exageraciones linguales pegada a los azulejos de la ducha.
Dirán que estoy “salida”, bueno, y “entrada” también. ¿Y qué? Algún día me comerán los gusanos, como a todos, pero antes comeré yo, y bien, y todo lo que pueda, y con mi dulce e intenso amante también beberé, me beberé los sentidos del placer cada día, entre sus músculos perfectos y entre sus piernas, ahí lo tiene, excitante, provocador, llamándome a voces, diciéndome “ven ya, ven aquí, ven conmigo, salúdame con un besito de lengua voraz y álzame hasta que me pierda en ti”.
Pero su linda cara me dice muchas más cosas que su pene, me halaga sin cesar, sinceramente, y en ese encanto también lingual, me pierdo como en una fantasía que eriza mi vello dispuesto a saborear otra vez su miel.
Y me dice guapa y me coge la mano que nunca suelta, y me lleva al profundo paraíso, ese en el que existen todos los colores, y me suelta el cabello para enredarlo en sus dedos magistrales, y me besa como una paloma en el cuello, y le miro atónita sin creerme que sea para mí, todo él, en su frescura, en su intensidad sonora, en su mar calmado de palabras que navegan suaves junto a la corriente, sin provocar desvelos ni huecos entre su piel y la mía.
Ahora le tengo en mí y después tal vez, y mañana seguro.

 

31/1/13

LA PRINCESA DESCONOCIDA


Bellasombra es una princesa de un país desconocido. En este país, que nadie sabe cómo se llama, habitan millones de mariposas, también viven en él Bellasombra y su familia, unos cuantos amigos y mucha más gente que tiene su casa en el bosque, al pie de los árboles, rodeados de flores. La gente del bosque nunca se acerca al castillo donde viven la princesa y su familia, pero Bellasombra, que es más hermosa que ninguna otra princesa, se acerca casi todos los días al bosque y se pasa las horas con la gente preguntándoles cuándo vendrá el príncipe que tiene que enamorarla. La gente se encoge de hombros y dicen que no lo saben, pero que seguro que algún día, no muy lejano, ese príncipe aparecerá en el país a buscarla, subido a un caballo blanco de largas crines, y entonces se la llevará para hacerla feliz después de darle un fabuloso beso de amor. La princesa Bellasombra sonríe y suspira ansiando el momento.

Las mariposas siempre revolotean alrededor de la princesa y se posan en sus largos cabellos del color del sol, la acompañan cuando pasea por la orilla del río y aplauden con sus alas cuando la escuchan cantar dulces melodías.

El país de Bellasombra está lleno de magia y nunca nadie de otro país ha podido entrar en él. Bellasombra y su familia, sus amigos y la gente del bosque viven felices haciendo sus tareas sabiendo que ningún peligro podrá perturbarles. Se dedican a recoger la fruta de los árboles para hacer macedonia y compotas, con las hojas hacen los tejados de sus casas y también las camas, utilizando algunas raíces para las patas y el cabecero. De los gusanos sacan el hilo de seda para confeccionar sus ropas y la ropa de sus casas, cortinas, manteles y sábanas. Todos bailan un día a la semana alrededor de una pequeña hoguera y cuando la apagan prometen que siempre, siempre, protegerán el bosque, los árboles y las mariposas.

La princesa Bellasombra es la única del castillo que visita a los habitantes del bosque floreado, sus padres los reyes nunca se han dado un paseo por la orilla del río ni han visto las mariposas, sólo recorren las dependencias del castillo y hablan con sus súbditos de cómo les van las cosas, y se preocupan por todos los que habitan en su desconocido país. Se quedan tranquilos y felices porque todos los demás viven tranquilos y son felices, y la vida discurre sosegada y alegre sin ninguna mala interrupción. Pero los reyes tienen en el fondo una gran pena. Ven a su hija melancólica y pensativa muchas veces cuando vuelve del bosque y piensan qué problema puede tener para borrar su linda sonrisa de ese rostro tan hermoso. La reina no quiere preguntar para no causarle más tristeza y el rey prefiere que sea la reina quien averigüe lo que le pasa. Un día la reina, viendo a su hija volver cabizbaja de su visita al bosque, decidió encargarle a la nodriza que la acompañara al día siguiente y viera qué sucedía en esas visitas y luego se lo contara para buscar el remedio. La princesa Bellasombra aceptó el acompañamiento sin sospechar nada, entre otras cosas, porque adoraba a su nodriza y porque ella misma no se daba cuenta de su tristeza.

El día transcurrió como cualquier otro día anterior. La princesa hablaba con casi todas las personas del bosque que le contaban las nuevas ideas que habían tenido. Como por ejemplo que al jefe de los jardineros se le había ocurrido construir una escalera plegable que al extenderse llegara a la parte más alta de los árboles y desde allí poder divisar todo el horizonte existente fuera del país. Así, si había algo hermoso que ver, todos podrían subir y deleitarse mirándolo. Y si lo que hubiera fuera un peligro, podrían estar alerta y defenderse para no sufrir. Aunque esto último lo consideraban muy poco probable, porque ellos estaban convencidos que nadie de fuera quería hacerles daño.

Luego la princesa y su nodriza estuvieron un largo rato a orillas del río, viendo discurrir las transparentes aguas y cantando canciones que las mariposas aplaudían. Realmente era un lugar extremadamente bello y tranquilo y la nodriza no lograba entender que algo malo pudiera estar pasándole a su princesa.

Después se sentaron a comer bajo un florido árbol de raíces violetas que daba una sombra dulce y abanicaba con sus hojas. Compartieron la comida con una familia de cinco personas, que eran los padres y tres hijos, todos de la misma altura y pequeña figura. Comieron melocotones y fresas adornados con hojas de menta y luego cabecearon un poco hasta que la intensa luz de la tarde se aflojó. Cuando ya parecía que todo estaba en calma y volverían al castillo tan felices como habían salido, la princesa preguntó al hombre si sabía algo del príncipe misterioso. La nodriza aguzó el oído y no perdió detalle de los gestos de la princesa. Pudo ver como su rostro iba perdiendo color y alegría según el hombre le iba contando que ese príncipe de amor aún se encontraba muy lejos del país, pero que no se desilusionara porque en cuanto encontrara el camino correcto llegaría ante ella y la besaría de esa manera que sólo un príncipe magnífico puede besar a la princesa más hermosa de todas.

Una vez de regreso en el castillo y estando ya la princesa Bellasombra acostada y durmiendo, la nodriza contó a la reina lo que había sucedido. La reina se lo contó al rey y pasaron toda la noche despiertos tratando de encontrar la mejor solución para que su hija no estuviera tan triste en su larga espera.

Lo primero que decidieron fue averiguar si realmente existía ese príncipe y por dónde andaba. Mandaron a tres caballeros que recorrieran durante siete días todos los alrededores y más allá de las fronteras de su país desconocido. Esperaron esos siete días con impaciencia, tratando siempre de mantener a la princesa entretenida para que no se enterara de lo que estaban haciendo. Cuando volvieron los tres caballeros, se reunieron con los reyes en sus dependencias privadas. Primero habló el caballero que llegó sólo hasta fuera de los límites del bosque. Contó que no había aldea ninguna ni habitante a quién preguntar, que no encontró más que pajarillos de colores y algunas cuantas ardillas y aunque les interrogó, no le contestaron. Luego habló el caballero que llegó hasta los límites del siguiente país. Era un país con nombre de flor, se llamaba Buganvilla. Era un país redondo y soleado cuyos habitantes eran todos de color rosa pálido y hablaban susurrando. Le recibieron con mucha amabilidad y le contaron que no sabían nada de un príncipe que buscara a una princesa, ni siquiera sabían que existiera esa princesa ya que vivía en un país desconocido. El caballero les dijo que si se enteraban de algo, les mandara un mensaje de aviso, y les indicó la forma de hacerlo llegar al país de la princesa desconsolada.

Los reyes, tras escuchar este relato, se animaron un poco y albergaron una animosa esperanza. Finalmente habló el tercer caballero que había llegado hasta parajes lejanos tras cruzar ríos y montañas y enormes bosques de árboles de todas las clases que nunca hubiera imaginado.
 
(...CONTINUARÁ)
 
 

15/1/13

SIN CORAZÓN NO ESCRIBO

Se me asustó el corazón, se me salió del pecho y se fue muy lejos, a un rincón cualquiera, pretendiendo que no lo alcanzara. Intentando revivir y latir en otro cuerpo. Para que yo no fuera yo, para que yo no fuera sino un personaje de novela. Que sólo me quedara el cerebro.
Pero no funciona.
Así no funciono yo, sin él, sin mi corazón, sin su latir que me haga vivir una vida que no sea la mía, y poder escribir y describir el corazón de personajes misteriosos que sufren y sueñan y viven muy lejos de mí.
¿O no tan lejos?
Mi corazón los ve, los entiende, los acompaña, los siente. Sin él no puedo escribir.
Soñé con una lánguida joven acurrucada frente a la orilla de un mar frío y rebelde, soñé que un joven extraño y confuso la miraba en silencio, fumando por costumbre y con cólera un cigarrillo negro, jugando entre su abrigo negro de paño con un afilado cuchillo, dispuesto a dar fin de un tajo a esa lánguida tristeza. Pero ella se hundió en el mar revuelto y nunca volvió.
Mi corazón, al igual que Cristian, también la persiguió, y llegó tarde, y ya no pudo saber qué desolación inevitable la condujo hasta el fondo de las aguas.
El joven se guardó el cuchillo, me miró con hostilidad y me preguntó por qué. Pero mi corazón no estaba y no pude responderle.
Cuando lo recupere, cuando vuelva a mí y nunca más se vaya, encontraré la razón, sabré por fin el principio de la historia y podré cambiarla.
Entonces el mar estará en calma y la joven se girará para mirar a Cristian, y él se acercará a ella, con pasos firmes, abrirá su largo abrigo negro de paño y la envolverá con sus brazos.
Para siempre.