28/5/12

IMAGINAR PARA VIVIR


Soy escritora, o al menos intento serlo. Para ello hago uso de mi desbordante y terrible imaginación.
¡Ah, la imaginación!
Puede ser buena para escribir, para leer, para soñar, para aliviar las penas o aumentarlas, pero cuando llega el momento de la vida real, la imaginación se puede convertir en un verdugo implacable y letal.
A mí incluso me han insultado alguna vez por tener fantasías. Me han criticado, se han burlado, me han hecho de menos, me han negado como amiga y otras cosas que no quiero imaginar.
Pero yo necesito la imaginación precisamente para eso, para salir a ratos de la vida real, para poder sumergirme en vidas y en historias que no son las mías, para poder encontrar un momento de descanso y un lugar donde esconderme. Para hacerlo todo a mi medida, a mi ritmo, a mi conveniencia. La necesito para que todo me salga bien.
Y entonces me doy cuenta que soy víctima de ese poder infinito, la imaginación es mi cárcel y no mi libertad.
Si no imaginara no existiría el futuro, tampoco el pasado.
No existiría el dolor, tampoco la sonrisa.
No existiría el amor, tampoco los cielos azules.
No existiría el vacío, tampoco el mundo perfecto.
Que me critiquen, que me insulten, que me hagan de menos, que me rechacen, pero yo necesito la imaginación para vivir, para sentirme viva, para escribir, para soñar, para escapar, para ser yo como soy sin que a nadie le importe.
Aunque sufra.

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