17/4/12

HOY ES MI CUMPLEAÑOS


Hoy es mi cumpleaños y me autofelicito por ello ya que son bastantes años y no todos han sido fáciles ni bonitos. Me alegro de cumplir años, me alegro de seguir viva y de sentir y de que mi corazón siga latiendo y deseando un abrazo de felicitación. Muchos amigos nuevos y algún que otro incondicional ya me han felicitado o lo están haciendo, juro que no voy a pasar lista pero echo en falta algunos en especial. No me quejo. Sé quién soy y lo que vive dentro de mí y sólo espero vivir bastantes años más y seguir autofelicitándome por mi cumpleaños, a ser posible desde este blog.
Gracias a la vida (aunque a veces la odie) que me mantiene junto a ella. Gracias a los que han sabido ver en mí a una buena persona, a una mujer luchadora y a una soñadora sin límites. Gracias a vosotros.

12/4/12

TODO LO QUE ODIO (5ª PARTE)

Odio a Carmen Lomana y su eterna cara de pasmada.
Odio el vuelo raso de los aviones sobre mi tejado.
Odio no vivir en un ático (ese es el sueño que me quita el sueño).
Odio no vivir en una casa de campo con cinco perros y dos gatos.
Odio el viento fuerte que me revuelve el pelo.
Odio las falsas promesas.
Odio el crédito hipotecario.
Odio despertarme quince minutos antes de que suene el despertador.
Odio olvidarme de apagar el despertador los días de fiesta.
Odio que me rozen los zapatos.
Odio tener agujetas (aunque me quede el cuerpo estupendo después de hacer ejercicio).
Odio los petardos aunque sea valenciana, y a los petardos también.
Odio (ya por hartazgo) las sagas de vampiros, zombies, fantasmas y fantasmones.
Odio a los críticos españoles de cine (no tienen ni idea y además un gusto pésimo).
Odio los libros de autoayuda. ¡TODOS!
Odio que me dejen con la palabra en la boca.
Odio a los inseguros que buscan la perfección.
Odio que mujeres con belleza e inteligencia sólo se preocupen de la belleza.
Odio a los que tiran desperdicios al mar, al río, al bosque, a la calle...
Odio a los que no paran nunca de hablar (¡nunca escuchan!).
Odio a los graciosos de turno.
Odio los pantalones de campana.
Odio al pesimista que no intenta curarse.
Pero me gustan las montañas nevadas, me gusta el chocolate negro, las trufas heladas, los paisajes por descubrir, salirme de la ruta turística y ver de verdad la ciudad, que me den un beso para animarme y una caricia de complicidad.

7/4/12

EL CABALLERO Y SU DONCELLA


Érase una vez un caballero hacendoso y atractivo que llegó de tierras lejanas al país de la eterna primavera. Recorrió a lomos de su caballo zonas inhóspitas y zonas espléndidas y en ninguna de ellas, aunque habitara un tiempo, encontró la hermosura que andaba buscando. Habló con magos, con duendes y hadas, pero continuó sin saber en qué momento y dónde encontraría el objeto de su deseo. Vagó pesaroso por infames desiertos, escaló montañas y fondeó los mares. Ni sirenas, ni aves, ni dulces frutos halló.
Tras largos años de búsqueda incansable, el caballero empezó a sentirse desilusinado y pensó en volver a su lejana tierra.
De pronto una noche, una tierna y luminosa libélula, llamó a su ventana.
-No desesperes hacendoso caballero, pronto tendrás tu recompensa -le dijo alegre la libélula marchándose bajo la luz de la luna.
El caballero quedó extasiado antes tales palabras y emprendió de nuevo la búsqueda de su objetivo.
Pero pasados unos meses tampoco lo encontró. Ya no quiso volver a su tierra pero olvidó la belleza que deseaba tener y se centró en quehaceres más rutinarios. Un día, al salir de una hacienda donde realizaba tareas de ayuda para una pobre familia, tropezó su caballo con una gran piedra. El caballero fue a parar al suelo y una mano suave y delicada se extendió a su lado para ayudarle. El caballero, agarrando la pequeña mano, irguió de nuevo su figura y quedó sin habla. La doncella le miraba con curiosidad y una sonrisa entrecruzaron que lo dijo todo.
El caballero le propuso que fuera con él a su humilde morada y allí la invitaría a degustar unos fríos canapés. La doncella, hipnotizada por su melosa voz y su increíble atractivo, aceptó la oferta y juntos partieron en lomos de su lindo corcel.
Al día siguiente, tras locas frases de amor y admiración intercambiadas, tras innumerables besos, caricias y miradas, el caballero alzó a su doncella junto a él, bien apretada, y enamorados marcharon a vivir su particular y hermosa aventura por siempre jamás.