23/3/12

SEXO Y CAFÉ


¡Necesito un café!
Era el primer pensamiento que Olivia tenía todas las mañanas, de lunes a domingo. Al primer zumbido del despertador, alargaba el brazo y lo apagaba de un manotazo. Luego se repetía mentalmente “necesito un café, necesito un café, necesito un café”, incansablemente hasta que ya se había levantado, duchado y vestido. Entonces entraba en la cocina, y de manera delicada y precisa, casi con amor incondicional, se preparaba el café que tanto ansiaba. Si alguien la hubiera interrumpido en ese momento del día tan sumamente vital para ella, lo hubiera matado por lo menos de cuatro mil puñaladas.
Salvo que ese alguien le pidiera sexo.
El cuerpo esbelto y precioso de Olivia necesitaba cada vez más café, y más sexo. Cuanto más ociosa estaba más pensaba en ello, y últimamente pasaba demasiado tiempo ociosa.
Sorbía con deleite y parsimonia, oliendo el aroma intenso en cada trago, mirando por la ventana las nubes casi transparentes que rayaban el ácido azul del cielo.
De repente se acordó de él, fue por las nubes o tal vez por el cielo, lo que fuera le hizo sonreír. Siempre mirando por la ventana mientras tomaba café se acordaba de él, y siempre sonreía. Recordaba cada detalle de cada momento, de sus besos y de su cabello, de las caricias y las palabras y sus ojos oscuros puestos sobre ella con admiración.
Solían quedar una vez por semana, más o menos, en el mismo bar, a tomar un café, a veces un almuerzo, según el tiempo, y luego se metían en el coche a hacer el amor, como dos jovenzuelos aunque ya no lo fueran. Esa mano de él, recia y delicada, recorriendo el cuerpo de ella, y esos labios al unísono satisfaciendo cada uno de sus deseos.
El café caliente y el cuerpo también.
Luego él se marchaba y ella se regodeaba esperándole, aún con el sabor y el aroma pegados en el corazón.
Así tanto tiempo.
Las nubes no parecían querer marcharse y unos brazos cálidos la abrazaron y dejaron un beso en su cuello.
-Bueno días amor ¿qué tal el café?
-Excitante –contestó Olivia.
-¿Quedamos dentro de un rato como siempre?
-Claro amor, en menos de media hora estaré allí.
-Allí te espero –contestó él-. Y no se te olvide llevar las invitaciones para nuestras bodas de plata ¿de acuerdo?
Olivia asintió. Giró de nuevo la vista hacia la ventana y terminó su café.
Luego el sexo, y más café.

3 comentarios:

  1. Hermoso,me compre un viaje de lujuria y tomando café.Saludos desde Buenos Aires, amiga.
    http://loscuentosdesm.blogspot.com/

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    1. Maravillosa combinación y si además es viajando ya es lo máximo. ¡Buen viaje! Un abrazo con todo mi cariño y agradecimiento.

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