28/3/12

TODO LO QUE ODIO (4ª PARTE)

Odio a esas parejitas cursis,ñoñas y atontadas, que se dicen el uno al otro "cari" (se dice ¡¡CARIÑO!!), la palabra entera, si supieran lo mal que suenan... Pues entonces yo a mi amor le llamaré "a", "hola a, ¿cómo te ha ido el día?, ¿ay a, ¿me abres el bote de tomate?, toma a por ser tan guapo..
Odio a las mujeres exhibicionistas y vulgares.
Odio a los que no tienen clase (Clase se puede tener hasta para cerrar una puerta en las narices de alguien).
Odio a la gente que se chiva.
Odio el (para mí) timo de la autoayuda.
Odio la estupidez en general.
Odio las suelas que resbalan.
Odio la intransigencia de los tan seguros de sí mismos ante opiniones diferentes.
Odio no dormir suficiente.
Odio que se me tapone la nariz.
Odio el abuso de poder (demuestra inseguridad y negligencia)
Odio que los teleoperadores repitan mi nombre cada dos palabras.
Odio a los que me hablan despectivamente.
Odio que el conductor del autobús no me abra la puerta a dos metros de la parada.
Odio a los que no entienden lo que es un producto.
Odio a los que no saben aceptar la verdad y te amenzan con denunciarte por faltar a su honor.
Odio a los que odian al "Doctor House".
Odio que las películas españolas siempre, siempre, tengan que incluir un desnudo femenino sin sentido alguno.
Odio el pasotismo por sistema o como medio de expresión.
Odio el "todo vale".
Odio que el color blanco de la ropa se amarillee.
Odio que los leones sean animales salvajes y no mascotas para tener en casa.
Odio los cortes de publicidad de 20 minutos.
Odio a los que compraron su triunfo.
Odio las etiquetas de las camisetas que pican en la espalda.
Odio que no me dejen odiar.
Pero me encanta contemplar la lluvia en una mañana tranquila, resguardada bajo la gran sombrilla en la terracita de un bar con encanto. Y también me encantan las lágrimas que humedecen las mejillas cuando son de emoción. Y me encanta tener este blog para poder decir en voz alta todo lo que odio (que para eso es mi blog).

23/3/12

SEXO Y CAFÉ


¡Necesito un café!
Era el primer pensamiento que Olivia tenía todas las mañanas, de lunes a domingo. Al primer zumbido del despertador, alargaba el brazo y lo apagaba de un manotazo. Luego se repetía mentalmente “necesito un café, necesito un café, necesito un café”, incansablemente hasta que ya se había levantado, duchado y vestido. Entonces entraba en la cocina, y de manera delicada y precisa, casi con amor incondicional, se preparaba el café que tanto ansiaba. Si alguien la hubiera interrumpido en ese momento del día tan sumamente vital para ella, lo hubiera matado por lo menos de cuatro mil puñaladas.
Salvo que ese alguien le pidiera sexo.
El cuerpo esbelto y precioso de Olivia necesitaba cada vez más café, y más sexo. Cuanto más ociosa estaba más pensaba en ello, y últimamente pasaba demasiado tiempo ociosa.
Sorbía con deleite y parsimonia, oliendo el aroma intenso en cada trago, mirando por la ventana las nubes casi transparentes que rayaban el ácido azul del cielo.
De repente se acordó de él, fue por las nubes o tal vez por el cielo, lo que fuera le hizo sonreír. Siempre mirando por la ventana mientras tomaba café se acordaba de él, y siempre sonreía. Recordaba cada detalle de cada momento, de sus besos y de su cabello, de las caricias y las palabras y sus ojos oscuros puestos sobre ella con admiración.
Solían quedar una vez por semana, más o menos, en el mismo bar, a tomar un café, a veces un almuerzo, según el tiempo, y luego se metían en el coche a hacer el amor, como dos jovenzuelos aunque ya no lo fueran. Esa mano de él, recia y delicada, recorriendo el cuerpo de ella, y esos labios al unísono satisfaciendo cada uno de sus deseos.
El café caliente y el cuerpo también.
Luego él se marchaba y ella se regodeaba esperándole, aún con el sabor y el aroma pegados en el corazón.
Así tanto tiempo.
Las nubes no parecían querer marcharse y unos brazos cálidos la abrazaron y dejaron un beso en su cuello.
-Bueno días amor ¿qué tal el café?
-Excitante –contestó Olivia.
-¿Quedamos dentro de un rato como siempre?
-Claro amor, en menos de media hora estaré allí.
-Allí te espero –contestó él-. Y no se te olvide llevar las invitaciones para nuestras bodas de plata ¿de acuerdo?
Olivia asintió. Giró de nuevo la vista hacia la ventana y terminó su café.
Luego el sexo, y más café.

9/3/12

ME GUSTAN LOS VIERNES


Me gustan los viernes, también me gustan los sábados porque casi siempre voy al cine y adoro ir al cine. Pero los viernes casi que me gustan más porque son la antesala del fin de semana, tal vez no me lo pase mejor los fines de semana y además me da igual ya que no tengo trabajo y los días parecen iguales unos a otros, aún así, los fines de semana mantienen su aura especial y divertida, o aunque sea sólo por quitarme el stress de no tener nada que hacer (y no porque lo quiera yo así). Entonces el viernes es ese día en que abres la ventana y vislumbras un sol diferente y haces las cosas con otro ánimo, a veces con rapidez, como si no lo hubieras hecho en los cuatro días anteriores, o como si se fuera a acabar el mundo esa misma tarde, y piensas en la última hora, ya no tienes prisa, te relajas y comienzan en tu estómago las inquietudes de un posible final y de un posible y mejor principio, como si al siguiente lunes todo fuera a cambiar y la vida se convirtiera en un paraíso de colores donde todo será fácil y precioso, donde nadie te amargue ni te diga de nuevo "no y no".
Me gustan los viernes cargados de esperanza y sobre todo porque dejo mi conciencia tranquila y satisfecha porque hice todo lo que pude y supe hacer aunque nadie lo entendiera y lo apreciara.
Me gustan los viernes porque acabo un pequeño sufrimiento y me olvido durante dos días de la cicatriz que me dejó.
Me gustan los viernes porque ya puedo caminar más despacio y renovar dentro de mí un montón de ilusiones, nuevos sueños, expectativas y tal vez, alguna nueva maldad.
Me gustan los viernes porque producen en mí como un regustito que no sé muy bien explicar, pero seguro que me entiendes.